Con la guitarra al hombro y la mochila cargada con sus herramientas de trabajo, camina por Allen con un andar tranquilo, saludando a la gente que le devuelve una sonrisa al pasar, mientras que al mismo tiempo busca el lugar más transitado para poder trabajar. Franco es un artista callejero, hace 4 años se dedica a cantar y alegrar los semáforos de su ciudad con acrobacias y malabares.
Una vez que elige el lugar en el cual desempeñará sus acrobacias, comienza con el armado de su cuerda, la cual asegura con nudos en el poste de la Avenida Roca. Deja su mochila y su guitarra a un costado y, echado a la suerte, espera la luz roja para subirse a ella y realizar lo que sabe. Su fuerte está en la cuerda floja, recibió el entrenamiento de su primo, quien lo guió en sus primeros pasos.
Comenzó con el arte callejero a los 16 años, tras un momento complicado de su vida y la paciencia de quienes le enseñaron y lo acompañaron en el proceso hizo que pudiese perfeccionarse en lo que hace. Tuvo la suerte de coincidir con gente de distintas localidades que ya se desempeñaban en el arte callejero, ellos fueron sus mentores. Empezó tocando la guitarra en el semáforo, con el tiempo se animó a tocar en algunos bares y finalmente se vio cautivado por los malabares. Sin embargo lo que más lo enamoró de su trabajo fue el poder compartir y conectar con la gente. «Lo que más me llamó la atención de esto son las formas en las que se hacen las cosas, los compartires, los valores que se ponen en juego en esto», expresa Franco.

El conocer el ambiente de la calle marcó su forma de desenvolverse, lo hizo consciente de la importancia de respetar y empatizar con la situación del otro. “Más allá de lo que hagas, hagas plata, hagas lo que hagas en la calle yo creo que lo que más importa son las formas en la que te desenvolvés”, asegura Franco. “Lo importante es compartir, si tenemos una galletita y vos no tenés, tenemos media los dos”, explica.
En cuanto a los lugares en donde realiza su trabajo, destaca el compañerismo entre pares, ya que se respetan mutuamente los espacios y se pregunta si pueden compartir, esto se debe a que su ubicación constantemente varía y no tiene un lugar fijo.
Su motivación para realizar su trabajo diariamente está en lo social. «Disfruto de todo lo que hago por igual, si bien hoy por hoy lo que más me representa es la guitarra, disfruto todo», comenta Franco.
Desde tocar la guitarra en bancos, semáforos, hacer malabares, rapear para la gente, su disfrute está en lo artístico. El poder sacarle una sonrisa a las personas y ver la emoción en la cara de los niños cuando hace sus actos de acrobacia lo llena y hace que diariamente esté innovando en sus rutinas.
Luego de estar un rato en el semáforo y juntar algo de plata, desata los nudos de la cuerda floja y decide que es momento de cambiar de lugar. Cruzando la calle, se encuentra con el Banco Patagonia donde con una sonrisa y pidiendo permiso a quienes estaban en el lugar, abre el estuche de su guitarra y comienza a cantar.
Franco es músico independiente, compone sus canciones y ha recorrido con su arte distintas provincias que le dejaron saberes y recuerdos memorables. “Yo sé que no me voy a dedicar a otra cosa que no sea el arte, no porque no pueda sino porque no quiero”, enfatiza Franco. Comenzó a tocar desde chico y no tiene un recuerdo en donde no esté con la guitarra, es su compañera que lo acompaña día a día en sus recorridos por la ciudad.

Con los riesgos asumidos del estar en la calle y el pudor de conectar con desconocidos a través de la ventanilla del auto, busca la forma de recaudar para solventar sus gastos. Ya el tiempo y la práctica le han hecho saber qué días y con qué clima conviene trabajar. Así también ha tenido que pasar por situaciones donde la policía no ha respondido muy bien a lo que hace y le han secuestrado sus elementos de trabajo.
Luego de tocar 3 canciones de autoría propia y sin recaudar dinero, se despide del lugar con una sonrisa y agradecido por el espacio. Camina hasta el cartel de la ciudad, ubicado en el parque de integración, donde se encuentran familias disfrutando de la tarde y comienza a practicar sus malabares. Este es uno de sus actos que lo ayuda a recaudar dinero cuando la luz roja de los semáforos le permite pararse ante los conductores.
Algo que lo caracteriza, es entender que no siempre la gente va responder de la mejor manera, pero eso no va a ser algo que lo frene de intentar mostrar su arte. “Yo creo que son las formas de hacer las cosas lo que más importa. Hay que saber conectar con la gente”, afirma Franco.

Durante esa tarde le alcanzó para comer unos sanguchitos de jamón y queso, los cuales no dudó en compartir con un amigo que se encontró y lo acompañó a terminar la jornada.
Su forma de enfrentar el día a día se basa en saber que la suerte puede variar, pero eso no lo va a hacer tener una mala jornada de trabajo. Elige lo que hace y busca el disfrute en cada uno de sus actos. Rodeado de amigos y colegas, deambula por las calles de Allen con el entusiasmo de saber que cada semáforo puede mejorar un poco el día.
✍Autoras: Salari Agustina y Agüero Sofía

