En el centro de la ciudad de Fiske Menuco, el fuego ilumina la avenida Roca y Tucumán, Lexaín y sus pois de fuego esperan que el semáforo se ponga en rojo para comenzar el espectáculo.
Lexaín tiene 23 años, es oriunda de la ciudad de Bariloche, actualmente reside en Fiske Menuco/General Roca. Comenzó a practicar con los pois, unas pelotitas de tela que se impregnan con combustible, hace aproximadamente dos meses.
Un viejo amigo de su ciudad natal, con quien se reencontró, le mostró la destreza: “practicábamos sin prenderlos fuego por un mes. Después me enseñaron a usar un pois con fuego. A las dos semanas aprendí a usar los dos juntos. La verdad me llevó dos meses aprender a jugar con fuego, está piola”, recuerda Lexaín.

Actualmente su ubicación es Avenida Roca y Tucumán, dado que es la mejor zona de la ciudad para trabajar dada su amplia circulación de personas. Además, según comenta Lexaín, es lo que más le conviene económicamente debido a que este es su único ingreso, con el cuál sostiene su vida y carrera universitaria. Sin embargo, hay veces que después de cursar y cenar, se va al semáforo de San Juan y Villegas.
Lexaín es estudiante de teatro en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, lo que le ha ayudado a poder exponerse y no tener vergüenza a la hora de pararse en el semáforo o “faro” como lo denomina.
Con el tiempo fue implementando un poco de técnicas del clown para hacer caras o sacar charla ya que para ella lo más importante en su trabajo es ver sonreír a las personas.
“Creo que en el día la gente está muy caraculica, y estás cosas como las estatuas vivientes, los malabares, el circo, el arte en general, sana un montón o al menos, mejora”, asegura Lexaín.
De miércoles a domingo, su rutina es la misma: caminar dos kilómetros desde su casa al semáforo, dejar sus cosas, abrir el pote de nafta, mojar los pois y largarse al faro. Las precauciones que asume, además de intentar no quemarse, es situarse lejos de los autos cuando saca el exceso de nafta y tener muy presente las personas que están cruzando por la senda peatonal, mirar para todos lados y tener muchísimo cuidado a la hora de hacer girar los pois.
Si bien existen personas que la miran mal o la insultan desde adentro de sus autos por estar trabajando, también asegura que hay gente muy buena, por ejemplo: “hay gente de la Iglesia que en nombre de Dios te traen viandas o te dan un poco de plata demás para que vos puedas llegar a lo que estás buscando.” Lexaín asegura que muchos de los trabajadores informales de los semáforos se ganan la plata para el día a día y hay muchos otros que lo hacen para un sueño o una meta particular.
Trabajar en el semáforo te lleva a crear muchas redes con otros trabajadores informales del lugar con los que no sólo se acompañan en el día a día, sino que se cuidan ante los escenarios algunas veces hostiles.
Lexaín es una joven de risa contagiosa y de gran humor, con una voz tan fuerte que logra hacerse lugar en la orquesta de tráfico de la Avenida Roca y Tucumán. Esta segura de que el arte y el circo ayudan a interrumpir un poco las cotidianeidades aceleradas de la vida para sanarlas. Cuando el semáforo se pone en rojo y se detienen los autos, la malabarista oriunda de Bariloche carga sus pois de fuego e ilumina un par de sonrisas.
Firma: Angela Moriconi y Mara Diaz

