Gabriel Moschini: una historia bañada en agua y jabón

Gabriel es limpiavidrios en la zona céntrica de Neuquén capital, tiene 28 años y es oriundo de Villa Regina. Con la premisa de probar suerte ya lleva más de un mes en la ciudad y lo define su buena onda y una sonrisa al trabajar.

Gabriel compartía su casa en Regina con sus padres, su pareja y su hijo. Por “cosas de la vida” como él cuenta, vino a Neuquén en busca de oportunidades. Su lugar predilecto para ejercer su oficio es en Avenida Argentina y Alderete hacia ambos sentidos del tránsito. Sin embargo, sus comienzos se remontan tres meses atrás en el tiempo y nos ubica en un semáforo de la Ruta Nacional 22 en Stefenelli antes de ingresar a Roca. Él cuenta que visita a su hijo cada dos semanas y en esos viajes, lleva dinero que consigue con gran esfuerzo en las calles neuquinas.

Los casos de personas trabajando en la informalidad se deben a diversos motivos; algunos de ellos son falta de estudios, hogares con ambientes difíciles o pasión por el arte. Aunque, la situación de Gabriel no surge por falta de estudios. Él completó sus estudios secundarios y hasta comenzó una tecnicatura en Seguridad Ciudadana en Cipolletti. Además, formó parte del ejército en Neuquén durante cinco años.

Entonces, quizás su situación se debe a una especie de pasión por lo que hace, pero ¿Qué parte de ser limpiavidrios le gusta a él? Gabriel cuenta, “este oficio tiene algo que me encanta, me gusta hablar con la gente y cada día siento que Dios, el universo o lo que sea me bendicen. Porque lo que uno da, vuelve”. Queda claro que su actitud es siempre positiva, es una persona alejada de los vicios y se nutre de la buena energía que intercambia con sus clientes.

Es más, el respeto es el pilar para su acercamiento a los conductores. Algunas veces recibe malas respuestas o “mala onda” a las que responde con mucha madurez, él cuenta que ofrece su servicio gratuito y “de corazón” para aquellas personas que le dan la negativa. Y al finalizar, recibe unos pesos como recompensa a su buen trato con la gente que vive inmersa en su cotidianidad, sus inconvenientes y su trabajo.

El estómago no conoce el frío, el viento o el calor

Sí bien Gabriel refleja una mirada positiva de su oficio y el buen trato de sus clientes, esa solo es una cara de la moneda y ahora le echaremos un vistazo a la otra. La informalidad de su trabajo provoca que no tenga un monto fijo de remuneración por su trabajo, es decir, no puede irse a comer hasta no conseguir el dinero para comprar la comida. Lo que significa que vive su vida día a día, momento a momento.

En una mañana debe trabajar hasta conseguir el dinero para poder ir a desayunar y tras pagar el desayuno, debe volver para juntar lo necesario para almorzar y así transcurre su día. Mientras el sol se va poniendo, se le agota el tiempo para conseguir lo suficiente para pagarse una piezita donde pueda dormir. Y ¿Sí no lo consigue? Gabriel explica que le ha tocado dormir en la calle:

“Pasé la noche en la terminal o en el hospital sentado en los asientos”.

A pesar de la “mala situación” como él la define, nunca deja de lado su higiene personal. “Cada dos o tres días me pago un hotel para mantener mi higiene y sino, me iba a los baños del Coto o de La Anónima para poder asearme”, explica Gabriel. Para él vivir en la calle no significa estar sucio.

Cuando cae la noche y se va transformando de a poco en madrugada, él ha estado ahí con su cepillo y su rociador lleno de agua y jabón para conseguir unos pesitos más. La noche no suele ser agradable. Ocurren peleas, predomina el alcohol y hasta las drogas. Aún así, Gabriel siempre se mantuvo alejado de esos vicios:

“El único vicio que me quedó es el cigarrillo, lo demás nada. No escabio ni nada. Yo hago esto para comer, sí me ven haciendo eso van a pensar mal de mí, así como juntarme con otros que estén tomando. La gente prejuzga mucho”.

Seguir y seguir: la perseverancia como pilar

Gabriel comenzó su actividad como limpiavidrios en agosto de este año, en el duro invierno del Alto Valle. Cuenta que el frío fue “muy crudo” y que por momentos le tocó “pasarla feo”. La única solución era buscar un refugio en la intemperie de la calle y en caso de no conseguirlo, resistir era el camino.

Aunque, no solo las bajas temperaturas eran un inconveniente, sino que su oficio es demandante y requiere de perseverancia. Sería una reacción normal bajar los ánimos ante respuestas negativas y no poder conseguir la plata que necesitas para vivir diariamente. Sin embargo, él resalta la importancia de no bajar los brazos porque siempre llegan esas personas con ganas de ayudar.

Gabriel continúa ejerciendo su trabajo con su filosofía particular que lo caracteriza y la situación que actualmente vive, no le impide soñar. Por el momento planea quedarse en la capital neuquina, mientras más se acerca el verano, busca un destino para la siguiente estación. Su idea es ir a un lugar turístico como limpiavidrios o conseguir algún empleo.

Cuenta que ha vivido en muchos lugares como Puerto Madryn en la provincia de Chubut, ciudad de Buenos Aires, Rosario en provincia de Santa fé e incluso, en El Bolsón provincia de Chubut. Para este verano quiere trasladarse y se está decidiendo entre la playa o la montaña, irá a probar suerte y seguir trabajando para vivir día a día, momento a momento.

✍🏽: Hernández Joaquín y Maldonado Agostina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *