Es sábado, el reloj marca las 16:00 horas y el sol se refleja en los automóviles que pasan por la Avenida San Juan y Rodhe, de General Roca. En el semáforo de esa calle se encuentra Eluen Piutrin, conocida como “Luli”, la chica que vende tortas fritas con buena onda.
La gente que pasa por el lugar, además de sentirse cautivada por sus tortas fritas, destaca la originalidad que la caracteriza ante el resto, ya que uno de sus acompañantes es un reconocido actor del momento, Pedro Pascal. Lo que resulta llamativo es que Pedro en realidad es una gigantografía de cartón que Luli eligió para distinguirse y ser recordada entre la competencia. Además de Pedro, suele contar con la compañía de su amiga Camila y su pareja Santiago.
Hace un tiempo Luli eligió esta esquina como su lugar de trabajo. Así, la comodidad de trabajar los fines de semana se convirtió en una elección consciente ya que le permite al equipo equilibrar sus horarios de estudio, sus tiempos libres y disfrutar de las ventas con flexibilidad.

Inicialmente, la venta surgió como una solución para financiar un viaje de ocio, que parecía lejano debido a la falta de recursos. «No teníamos ni un peso,» confiesa Luli, «así que dijimos, bueno, vendemos tortas fritas, la zafamos.» Fue así como con una idea nacida de la necesidad lograron comenzar un emprendimiento sustentable económicamente. “Se vendió muy bien y nos resultó cómodo respecto de nuestros horarios de estudio”, afirma Luli.
Un aspecto clave de su éxito en las ventas, es su actitud positiva y amigable. «La gente te compra más si estás sonriente,» explica. Si bien sus ventas muchas veces dependen del clima, también el carisma de quien vende asegura la venta. “Si vendes con buena onda, la gente te trata con buena onda. Te compran más si estás sonriente, si está Pedrito”, asegura.

“Pedrito” se ha convertido en su amuleto de la suerte y en una imagen para atraer la atención de los automovilistas. Luli, Camila y Santiago personalizan a Pedrito en fechas patrias o festividades, “con Halloween cerca le pusimos fantasmitas y le hicimos un disfraz”, recuerda Luli.
Además de la venta de tortas fritas, Luli es fotógrafa y estudiante avanzada de la Licenciatura en Artes Audiovisuales, del IUPA. Así también, maneja un emprendimiento de accesorireos y cigarros herbales, cigarros naturales elaborados a base de planta y sin nicotina que se utilizan como un sustituto del tabaco, donde mediante su perfil de instagram @tienda_.hecate vende sus productos a toda la comunidad.

Por lo que confiesa que, aunque a veces resulta tedioso el levantarse temprano para preparar la masa, trabajar todo el fin de semana y suspender planes para salir a vender, es algo que “lo vale” porque durante la semana pueden seguir estudiando.
El semáforo en donde vende está ubicado en una zona muy concurrida, por lo que Luli diariamente se enfrentan a una amplia variedad de situaciones y aunque a veces se encuentran con personas que «no tienen la mejor onda», la mayoría de las veces son saludos con sonrisas recíprocas. “No vendemos tortas fritas así porque sí, vendemos con onda, con ganas porque es la idea, así la gente se va contenta y yo también” menciona.
Interactuar con las personas que se detienen a comprarle, o pasan por el lugar, se convirtió en una parte fundamental de su labor. Luli disfruta cada momento en el que puede hacer que la gente se vaya con una sonrisa. “Es cierto que cansa, pero a mí amasar y hacer panes es algo que me encanta. Poder venir acá me gusta, el estar con la gente y que se vayan sonriendo, me llena”, cuenta Luli.

Si bien actualmente la situación socioeconómica del país es compleja, sus ventas no se han visto perjudicadas “La gente compra menos tortas, pero por suerte no dejan de comprar, si antes compraban una docena hoy compran media y que alcance para todos”, explica.
Así, el sol sigue cayendo y el reloj marca las 18:00 horas. El bolso donde Luli traía las tortas fritas ya está vacío. “Hoy pensé que nos íbamos a las siete y media” dice Luli con una sonrisa de alivio de saber que hoy puede volver temprano a su hogar. Por lo menos por ese día, todas las horas de trabajo invertidas en la elaboración de las tortas fritas valieron la pena.

Finalmente, Luli, Camila y Santiago dejan la Avenida San Juan y Rodhe con la satisfacción de haber vendido todas tortas fritas y haber hecho sonreír a la gente. Al final del día lo que los caracteriza es vender con buena onda y alegrar un poco a las personas están a la espera de la luz verde.
✍🏻Autoras: Agüero Sofía, Salari Agustina.

