Carlos di Lorenzo está inmerso en el trabajo informal hace más de 15 años. Se dedica a dar un breve y único show en el semáforo de Avenida Argentina y Diagonal 25 de Mayo en la ciudad de Neuquén; es reconocido por su performance de bailarín como Michael Jackson.
La flexibilidad horaria es uno de los beneficios más destacados por el Michael Jackson Neuquino sobre la forma que elige para ganarse la vida. Tiene 28 años y va todos los días con sus equipos de sonido a la Avenida, justo donde está el monumento a San Martín para hacer lo que más le gusta: bailar y hacer sonreír a las personas que transitan por ahí.
Aunque le va bien bajo el semáforo, suele hacer sonido, iluminación y animación en fiestas, boliches, cumpleaños y casamientos. Aspira a conducir la fiesta de la confluencia, aunque las posibilidades son escasas: «Tengo más chance de entrar al Bailando con Tinelli que de conducir la fiesta de la confluencia». Destaca que esos son temas de política y que él solo se dedica al arte.
Su idea es crear una base económica trabajando en el semáforo y «aspirar a algo potente». Aunque si logra alcanzar eso que tanto sueña recalca que no se va a olvidar de lo que hoy hace y piensa volver.
Quienes acostumbran a pasar por la Avenida Argentina entablaron una buena relación con el bailarín. Autos particulares, taxistas y peatones que frenan cerca le piden que cante o baile. Muchos niños también lo aclaman, le regalan dibujos y los padres le cuentan que lo siguen en su cuenta de Instagram. La buena relación con los transeúntes es lo que muchas veces, aún en medio de los momentos difíciles, mantiene con una sonrisa a quienes trabajan bajo la luz roja del semáforo. «La gente en Neuquén es buena onda, pero siempre hay alguno que cree que está en Dubai y te cierra el vidrio o te da vuelta la cara, aunque son pocos», cuenta Carlos Di Lorenzo.
Hace dos meses comenzó con su cuenta de Instagram donde muestra solo una parte de su trabajo en el semáforo: el reconocido y aplaudido baile como el rey del pop. Pero lo que Carlos hace cada día es más que bailar. Cuando necesita distraerse y descansar suele hablar con la gente, canta si se lo piden y hace chistes. Si alguien no le da dinero, lo único que pide es un bocinazo a cambio. Aun así, son muchas las personas que quieren colaborar y le piden que se haga una cuenta de mercado pago.
Siempre hay una primera vez
La primera vez que bailó en el semáforo fue una noche a la salida del boliche. Con su grupo de amigos querían comprar panchos y gaseosa pero no tenían plata y uno de ellos propuso que Carlos bailara en el semáforo esa madrugada. Juntaron el dinero que necesitaban y atesoró esa noche como una gran anécdota.
Con el tiempo y los altibajos de la vida, vivió en la calle de Neuquén. En ese momento de crisis se acordó de esa noche con sus amigos y volvió a intentarlo. Desde entonces, bailar lo ayudó a salir adelante. Intentó probar suerte en Buenos Aires, pero «la calle ahí es más dura» y por eso decidió volver.
La diferencia de lo que se gana en un trabajo formal y lo que se recauda en el semáforo es grande. Carlos bailando junta mucho más que un trabajo «común” y eso le da la posibilidad, incluso de rechazar algunos trabajos.
Un show espontáneo y el resultado siempre es el mismo: una sonrisa de los que pasan y un bocinazo. Eso es lo que más disfruta de su trabajo: cuando la gente “se mata de risa, se desconecta». “El trabajo mío es raro, no cualquiera lo hace, es difícil de hacer y es lindo”, afirma Carlos. A pesar de esos beneficios que hacen a muchos permanecer bajo la informalidad, destaca que sus contras son los vientos, la lluvia, las marchas. Aunque el clima no lo detiene, incluso la gente sabe que cuando llueve él está ahí igual, aunque sin los equipos.
Tal vez eso lo transporta a sus primeros tiempos, cuando bailaba con los auriculares y poco a poco se fue animando a llevar pequeños parlantes. “Hoy, dentro del auto se tiene que sentir lo que está pasando afuera”, dice Carlos con una sonrisa.
«Yo pienso que para decir que sos artista, por lo menos acá en la calle, te tenés que arriesgar y vivir 100% de esto» confirma el bailarín y vuelve a su puesto de trabajo, bajo la luz roja.
